Historia: Trabajé Toda Mi Vida En El Cementerio… Y Lo Que Viví No Se Lo Deseo A Nadie

El final que nunca fue del todo

La tumba quedó sellada.
Las campanas callaron.
La flor negra desapareció.

Pero la niña sigue apareciendo en mis sueños.

Y mi reloj aún marca siempre lo mismo cuando despierto:

3:17 a.m.

¿Qué aprendemos de esta historia?

Algunas puertas no deben abrirse.
Algunos secretos no quieren ser recordados.
Y hay lugares donde el pasado no descansa… solo espera.

La historia nos recuerda que ignorar las señales no las hace desaparecer.
A veces, lo más peligroso no es lo que vemos…
sino lo que decidimos no creer.

Y cuando el silencio te llama por tu nombre,
no siempre es prudente responder.

← Anterior Siguiente →

Leave a Comment