Historia: Trabajé Toda Mi Vida En El Cementerio… Y Lo Que Viví No Se Lo Deseo A Nadie

La vi una tarde entre la niebla.

Una niña descalza, vestida de blanco, frente al osario.

—¿Por qué los entierran así? —me preguntó—. Nunca pueden dormir.

Cuando parpadeé, ya no estaba.

Pero regresaba.
Siempre los lunes.
Siempre con la misma pregunta.

La tumba que no debía existir

Una madrugada la niña señaló algo en la neblina.

Una tumba sin nombre.
Cubierta de tierra fresca.
El ataúd abierto.

Dentro no había cuerpo.
Solo un vacío que parecía tragarse la luz.

Y desde allí una voz grave dijo:

“Aún no he terminado”.

El nombre borrado

Busqué en los registros.

Una página rota.
Un año: 1872
Un nombre casi borrado: Padre Anselmo Rivas

Don Hilario palideció cuando lo mencioné:

“Ese nombre no se dice aquí. Fue enterrado en secreto. No debía descansar en este lugar”.

Había símbolos extraños en los documentos.
Cruces invertidas.
Círculos.

Nada era casual.

El sacerdote de la sombra

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