Historia: Trabajé Toda Mi Vida En El Cementerio… Y Lo Que Viví No Se Lo Deseo A Nadie

Una tarde vi a un sepulturero dejar un cigarro encendido sobre una lápida.

—¿Para quién es? —le pregunté en broma.
—Para que no lo despierte —me respondió, sin sonreír.

Esa misma noche escuché tres golpes desde el interior del osario.

Tres.
Siempre tres.
Siempre a la misma hora.

No era el viento.

La canción que nadie cantaba

Una noche oí una voz femenina cantando desde dentro del osario. Una melodía suave, como una canción de cuna. Cuando abrí la puerta… no había nadie.

Entonces volvieron los golpes.

Corrí a casa con el miedo clavado en los huesos. Mi madre me dijo algo que nunca pude borrar:

“Cuando abres una puerta, hijo, nunca vuelves a estar solo”.

La flor negra

Después de eso, el cementerio cambió.

Una mañana apareció una flor negra sobre una tumba recién cerrada. Nadie había entrado. Nadie la había puesto.

Las estatuas parecían moverse.
Las velas se encendían solas.
Las cruces caían sin que nadie las tocara.

El lugar estaba… atento.

La niña de blanco

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