Durante muchos años nos enseñan que siempre debemos estar acompañados:
- en pareja
- rodeados de familia
- llenos de ruido
Pero nadie nos enseña a sentarnos en silencio con nosotros mismos .
Cuando aprendí a disfrutar de mi propia compañía:
Dejé de buscar validación externa
Dejé de sentir culpa por descansar
Dejé de temer al silencio
La soledad dejó de doler cuando dejé de pelear con ella.
Hoy disfruto:
- una taza de café tranquila
- un libro
- una caminata lenta
- mis pensamientos, sin prisa
Y eso, a nivel de salud mental en adultos mayores, es invaluable.