La tumba que no debía existir
Una madrugada la niña señaló algo en la neblina.
Una tumba sin nombre.
Cubierta de tierra fresca.
El ataúd abierto.
Dentro no había cuerpo.
Solo un vacío que parecía tragarse la luz.
Y desde allí una voz grave dijo:
“Aún no he terminado”.
El nombre borrado
Busqué en los registros.
Una página rota.
Un año: 1872
Un nombre casi borrado: Padre Anselmo Rivas
Don Hilario palideció cuando lo mencioné:
“Ese nombre no se dice aquí. Fue enterrado en secreto. No debía descansar en este lugar”.
Había símbolos extraños en los documentos.
Cruces invertidas.
Círculos.
Nada era casual.