Imagine a Jane, una jubilada de 62 años, despertándose aturdida y con el cuello rígido tras dormir boca abajo toda la noche. No sabía que este hábito podía afectar su riesgo de sufrir un derrame cerebral. Una investigación del Journal of Neurology sugiere que dormir boca abajo (posición boca abajo) puede reducir el flujo sanguíneo al cerebro al torcer el cuello de forma antinatural. Esto restringe las arterias carótidas, esenciales para el suministro de sangre rica en oxígeno. Para personas mayores como Jane, esto puede aumentar el riesgo de sufrir un derrame cerebral, especialmente si se combina con afecciones como la hipertensión arterial. Pero hay buenas noticias: pequeños ajustes ayudaron a Jane a sentirse más despierta y segura. ¿Quiere saber qué cambió?