A los 69 años decidió cambiar su vida y tomar un nuevo rumbo personal

 

Hoy, a sus 73 años, Teresa vive de manera sencilla pero plena.

Trabaja lo necesario.
Descansa cuando quiere.
Comparte tiempo con su familia por elección, no por obligación.
Dedica tiempo a lo que le gusta.

Su vida no es perfecta.

Pero es libre.

¿Qué aprendemos de esta historia?

Nunca es tarde para empezar de nuevo.
El amor propio no es egoísmo.
Servir no significa desaparecer.
Poner límites también es una forma de respeto.
El reconocimiento empieza por uno mismo.

Y, sobre todo:

La vida no está hecha para ser vivida en función de otros, sino para ser vivida con sentido propio.

← Anterior Siguiente →

Leave a Comment