El timbre sonó varias veces aquella mañana. Nadie respondió.
Dentro de la casa, los platos del desayuno seguían sobre la mesa, el café se quemaba en la cafetera y el silencio empezaba a hacerse incómodo. Cuando Rodrigo entró con la llave que su madre le había dado años atrás para emergencias, encontró algo extraño: todo estaba en su lugar… excepto ella.
Sobre una silla del comedor, cuidadosamente doblado, estaba su delantal floreado.
Debajo, una nota escrita con su letra.
Salí a hacer unas compras. Teresa.
Cinco palabras simples.
Pero no eran una promesa de regreso.
Eran una despedida.