Nuestras arterias son como autopistas que transportan sangre oxigenada desde el corazón al resto del cuerpo. Cuando están sanas, la circulación es fluida. Sin embargo, si se obstruyen, se endurecen y estrechan, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares e infartos.
¿Problema? Esta obstrucción, llamada aterosclerosis, se desarrolla gradualmente y suele pasar desapercibida al principio. También se le conoce como el “asesino silencioso”.
¿Cuáles son los síntomas de las arterias obstruidas?
Depende de las arterias afectadas:
Arterias coronarias (corazón): dolor torácico (angina de pecho), dificultad para respirar, ritmos cardíacos irregulares.
Arterias carótidas (cerebro): mareos, dificultad para hablar, visión borrosa, parálisis temporal… todos estos síntomas son señales de alerta de un ictus.
Arterias renales: hipertensión arterial, fatiga, hinchazón de manos o pies, insuficiencia renal.
Arterias periféricas (piernas, brazos): dolor muscular, entumecimiento, calambres. ¡
Más vale prevenir que curar!
¿Por qué se obstruyen las arterias?