Uno de los mayores errores e
La misma niña del funeral estaba en la puerta del garaje.
Sostenía una bicicleta.
—Pensé que vendrías —dijo.
La miré sorprendida.
—¿Me seguiste?
Asintió.
—Cuando Eduardo me dio el sobre, dijo que era lo más importante que haría en mi vida.
La observé con atención.
—¿Cómo te llamas?
—Lina.
—¿Y tu mamá?
—Valeria.
El nombre volvió a resonar en mi pecho.
—¿Puedes llevarme con ella?
La niña dudó.
Luego dijo algo que lo cambió todo.
—Mi mamá está en el hospital. Necesita una cirugía del corazón… y no podemos pagarla.
El verdadero motivo del secreto
Fuimos al hospital.
Valeria estaba pálida, conectada a varios tubos.
Cuando habló, su voz era débil.
Lina me contó que Eduardo las había visitado algunas veces a lo largo de los años.
El médico explicó que la cirugía era urgente.
Y costosa.
En ese pasillo comprendí algo.
Eduardo sabía exactamente lo que yo descubriría.
Dos días después regresé al hospital con el dinero para la operación.
La cirugía fue un éxito.
Cuando Valeria se recuperó lo suficiente para hablar, me contó la historia completa.
Eduardo había salvado su vida… y la de su madre.
Pero aún faltaba una parte de la verdad.
Entonces me mostró un viejo álbum de fotografías.
En una página había una foto antigua.
Un joven Eduardo estaba junto a una adolescente que sostenía un bebé.
Cuando vi a la chica, sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
La reconocí de inmediato.
Era mi hermana Elena.
La hermana que se fue de casa cuando yo tenía quince años.
Y nunca regresó.
El bebé en sus brazos era Valeria.