No los tiré a la basura.
Los coloqué en una pequeña caja de sombra.
Debajo de ellos escribí:
Nada de trastos. Nada de desorden.Esto es amor.Esto es fuerza.Esto es la abuela.
Ahora está colgado en mi cocina.
No como una reliquia de la enfermedad.
Pero como recordatorio:
Las personas más tranquilas suelen llevar las cargas más pesadas… y aún así aparecen con galletas.
Reflexiones finales
La próxima vez que estés limpiando un armario, un ático o un cajón,
haz una pausa.
¿Esa cosa “inútil”?
¿Ese pequeño objeto “raro”?
Quizás no sea basura.
Podría ser la historia de alguien .