Tus articulaciones —caderas, rodillas y tobillos— están recubiertas de cartílago hialino, un tejido especializado que permite movimientos suaves y sin fricción.
A diferencia del músculo, el cartílago es avascular: no tiene vasos sanguíneos que lo nutran directamente. Entonces, ¿cómo recibe nutrientes?
A través de un proceso físico llamado imbibición. Funciona como una esponja:
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Cuando comprimes la articulación → expulsa líquido.
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Cuando la liberas → absorbe líquido sinovial fresco cargado de nutrientes.
Este ciclo solo ocurre si la articulación se mueve en su rango completo.
El problema moderno: vivir a 90 grados
Cuando pasas entre 8 y 12 horas al día sentado en una silla:
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Tus caderas rara vez superan los 90° de flexión.
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Tus rodillas tampoco.
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Tus tobillos casi no se movilizan.
El cuerpo es una máquina de eficiencia. Si no usas un rango, deja de priorizarlo.
Con el tiempo:
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El cartílago recibe menos estímulo mecánico.
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Disminuye la circulación de líquido sinovial.