
La Medida del Silencio

Elena no tenía gatos ni perros. Su obsesión era Titán, una pitón reticulada que desafiaba las leyes de la naturaleza. Con 37 metros de largo y pesando 600 libras, Titán no era una mascota; era una fuerza de la naturaleza, un río de músculo y escamas frías que ocupaba casi toda la habitación.


Todas las noches, Elena dormía con él. Le reconfortaba el peso masivo de la serpiente sobre el colchón reforzado, sintiendo cómo esa bestia prehistórica se enroscaba en la alfombra y dejaba su enorme cabeza sobre la almohada. Era un abrazo letal que ella confundía con amor.
