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Humedece ligeramente el disco de algodón con agua.
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Añade un poco de almidón sobre el algodón húmedo.
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Mezcla suavemente hasta formar una pequeña pasta.
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Agrega una pizca de bicarbonato de sodio.
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Coloca el disco sobre una superficie firme.
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Pasa el cuchillo sobre el disco unas cuantas veces, manteniendo el ángulo del filo.
La idea es que esta mezcla actúe como un abrasivo suave. Sin embargo, muchas personas que lo han probado comentan que el efecto es muy limitado y el cuchillo no recupera realmente su filo.
Segundo método: papel de aluminio y cartón
Este método casero es mucho más conocido y suele dar mejores resultados.