Protegerse no es egoísta, es sagrado
Tienes derecho a proteger tu energía del mismo modo que proteges tu salud. Así como no dejarías que nadie dañara tu cuerpo físico, no permitas que otros dañen tu bienestar emocional o espiritual.
Ya tengas 60, 70 o 90 años, te has ganado la paz. Te has ganado la alegría. Y, sin duda, te has ganado la sabiduría para saber cuándo algo —o alguien— no merece un lugar en tu mesa.
Recuerda esto:
No estás aquí para ser la esponja emocional de nadie.
Estás aquí para vivir, amar y respirar libremente.
Así que, cuando la presencia de alguien empiece a sentirse como veneno, elige la distancia. Elige la sanación. Elígete a ti mismo.