Uno de los mecanismos más importantes detrás de este efecto es la liberación del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína que actúa como fertilizante para las neuronas. El BDNF promueve la formación de nuevas conexiones neuronales y protege las existentes, lo que se traduce en una mejora en la memoria, la atención y la capacidad de aprendizaje
.
Además, caminar también ayuda a regular el estrés, un factor que deteriora la función cognitiva cuando se vuelve crónico. Al reducir los niveles de cortisol, el cuerpo entra en un estado más equilibrado que favorece el pensamiento claro y la retención de información. Incluso caminatas de intensidad moderada, como 30 minutos al día, pueden generar cambios significativos en la estructura y función del cerebro con el tiempo.