Intentó calmarlo de todas las formas posibles: cambiando su rutina, revisando su alimentación, asegurándose de que estuviera limpio y cómodo. Pero nada parecía funcionar.
Entonces llegó el momento en que decidió observar más detenidamente. Fue en ese instante cuando algo llamó su atención… algo que no había notado antes.
Al acercarse al rostro del bebé, se dio cuenta de un pequeño detalle en su nariz. Era algo extraño, casi imperceptible a simple vista, pero suficiente para hacerla detenerse.
Su corazón comenzó a latir más rápido. ¿Cómo no lo había visto antes?