Tras este descubrimiento, el museo decidió cambiar la descripción oficial del cuadro. La obra ya no se presenta simplemente como un retrato familiar, sino como un testimonio histórico de una época y una realidad social que a menudo se olvida.
Hoy en día, los visitantes ya no se fijan únicamente en la familia que ocupa el centro del cuadro. También observan a la joven, su rostro, su postura y la historia que representa.
Esto demuestra que, a veces, las historias más importantes no están en el centro de la imagen, sino en los detalles que casi nadie percibe.