Muchas noches pasa lo mismo. Apagas la luz, le das un beso de buenas noches… y justo cuando parece que por fin se va a dormir, escuchas: “Mamá… ¿me das agua?” o “Papá… tengo sed.”

Para un niño, la noche puede sentirse grande, silenciosa, desconocida.
Y ese pequeño vaso de agua se convierte en la forma más sencilla de decir:

“Quédate conmigo un ratito más.”

Un beso más.
Una caricia más.
Un “duerme bien” repetido otra vez.

Algún día dejarán de pedir agua antes de dormir.
Y quizá entonces recordemos que nunca fue el agua lo importante.

Era ese pequeño momento… que querían compartir contigo antes de dormir.

← Anterior Siguiente →

Leave a Comment