Me hice el vestido del baile de graduación con el uniforme militar de mi padre, en su honor – Mi madrastra se burló de mí hasta que un oficial del ejército llamó a la puerta y le entregó una nota que la dejó pálida

***

No crecí soñando con el baile de graduación. Al menos, no como mis hermanastras Lia y Jen.

Un sábado por la mañana, entré en la cocina y encontré a Lia encorvada sobre una pila de revistas, con rotuladores esparcidos por todas partes.

“Chelsea, ¿cuál te gusta más? ¿Sin tirantes o con escote corazón?”, me preguntó, agitando una página en mi dirección.

Antes de que pudiera contestar, Jen se metió una uva en la boca. “¿Para qué preguntarle? Probablemente se ponga una de las camisas de franela de su padre o uno de los vestidos antiguos de su madre”.

No crecí soñando con el baile de graduación.

Me encogí de hombros, intentando parecer despreocupada. “No estoy segura, Lia. Creo que ambos te quedarán muy bien. Aún no he pensado en el baile”.

Lia sonrió. “¿De verdad que no tienes ningún plan? Es como la noche más importante de todas”.

Me limité a sonreír, pero por dentro pensaba en papá enseñándome a remendar una manga rota, con sus grandes manos guiando las mías en la máquina de coser.

Por aquel entonces, sólo estábamos papá y yo, y después de la muerte de mamá, aquellos pequeños momentos se convirtieron en todo.

“¿De verdad que no tienes un plan?”

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