La cremación es un proceso físico: el cuerpo es transformado por el fuego en cenizas. Sin embargo, Kübler-Ross sostiene que el espíritu no está atado al cuerpo físico, por lo que la cremación no afecta la esencia del ser que ha trascendido.
En su visión, la conciencia —eso que muchas personas identifican como el espíritu o la energía vital— ya ha dejado el cuerpo mucho antes de que comience la cremación. Es comparable a una mariposa que abandona su capullo: el cuerpo queda atrás, pero lo esencial ya ha partido.
Desde este punto de vista:
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El cuerpo físico termina su función en la tierra, sea por cremación o enterramiento.
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El espíritu continúa su viaje hacia otra dimensión de conciencia o existencia.
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La cremación no “daña” ni altera ese espíritu porque la conciencia ya se ha separado del cuerpo físico antes de ese acto ritual.