Pero nadie sabía que una de las cámaras —la que Evelyn no sabía que existía— había captado algo más ese día.
Y lo que grabó pronto pondría toda la historia patas arriba.
Dos semanas después, Daniel Reed, el jefe de seguridad de los Monroe, estaba en su pequeña oficina revisando las grabaciones del sistema privado de respaldo de la casa. Había sido contratado recientemente y todavía estaba aprendiendo la red de cámaras que Richard había instalado. Algunas eran secretas —ángulos ocultos que solo Richard y Daniel conocían—.
Mientras Daniel pasaba los clips, algo llamó su atención: un movimiento dentro del despacho de Evelyn. La marca de tiempo coincidía con la mañana del robo. Pero, en lugar de Grace, la persona que entraba en el despacho era la propia Evelyn.
Daniel frunció el ceño. La vio acercarse al cajón, sacar un grueso fajo de billetes y meterlo en su bolso. Luego miró nerviosamente a su alrededor, como si escuchara pasos, antes de salir.