Este fenómeno se conoce comúnmente como edema con fóvea, aunque la mayoría de las personas jamás ha escuchado ese término. Lo que sí reconocen es la sensación: piel estirada, pesadez, incomodidad e incluso dolor. La palabra “edema” no es más que la acumulación anormal de líquido en los tejidos del cuerpo, y cuando ese líquido se queda atrapado en las piernas, los tobillos o los pies, el cuerpo lo muestra de forma muy evidente.
Lo que hace tan particular a este tipo de edema es precisamente lo que se ve en la imagen: al presionar con un dedo, queda una hendidura visible que tarda en desaparecer. Esa pequeña prueba casera, que muchos médicos realizan en consulta, puede dar pistas muy valiosas sobre el origen del problema. No es una simple hinchazón por un golpe o una picadura, es algo que viene desde dentro.

Las piernas suelen ser las primeras en mostrar este tipo de señales porque la gravedad juega en contra. El corazón tiene que trabajar más para hacer que la sangre regrese desde los pies hasta el resto del cuerpo. Cuando algo falla en ese recorrido, ya sea el corazón, los riñones, el hígado o las venas, el líquido comienza a acumularse donde menos resistencia encuentra: abajo.
Una de las causas más comunes está relacionada con problemas circulatorios. Las venas de las piernas tienen válvulas que ayudan a empujar la sangre hacia arriba. Cuando esas válvulas se debilitan o se dañan, la sangre se estanca y el líquido se filtra hacia los tejidos. Esto ocurre con frecuencia en personas que pasan muchas horas de pie, en quienes tienen antecedentes familiares o en quienes han sufrido trombosis.
