El problema no radica en la limpieza en sí, sino en la falta de información y de protección. Muchas de estas trabajadoras pasan entre 8 y 10 horas diarias limpiando diferentes casas, lo que multiplica su exposición a los compuestos volátiles. Y aunque no fuman, no beben y llevan una vida saludable, sus cuerpos se ven afectados por años de inhalar sustancias tóxicas sin saberlo.