Uno de los factores más comunes detrás de este cuadro es la dermatitis seborreica, una afección inflamatoria crónica relacionada con la producción excesiva de grasa en la piel y la presencia de un hongo conocido como Malassezia. Esta condición suele manifestarse con escamas blanquecinas o amarillentas, leve enrojecimiento y una sensación de picazón persistente. Aunque no suele ser grave, sí puede resultar molesta y recurrente si no se trata correctamente.
Otra causa posible es la aparición de una infección bacteriana, especialmente cuando la piel se encuentra irritada o ha sido rascada con frecuencia. En estos casos, el cuadro puede intensificarse, presentando olor más fuerte, secreción húmeda, mayor sensibilidad en la zona e incluso inflamación. Este tipo de situaciones requiere atención médica para evitar complicaciones y controlar la proliferación bacteriana.