La cirugía de hernia discal es una de las más frecuentes… y también una de las más apresuradas.
Existen casos en los que operar es indispensable: cuando hay compresión severa de una raíz nerviosa, pérdida de fuerza significativa, alteraciones neurológicas o compromiso de órganos pélvicos. En esos escenarios, la cirugía puede ser la mejor opción.
Sin embargo, en la mayoría de los pacientes el dolor lumbar crónico no se origina en el disco, sino en un desequilibrio global del cuerpo. La zona lumbar suele ser una víctima, no la causa principal.
He visto pacientes con décadas de dolor mejorar sin cirugía al corregir:
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La movilidad de la pelvis
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El estado de las caderas
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Tensiones ligamentarias
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Rigidez muscular persistente
Incluso traumatismos antiguos, incluidos golpes en el cráneo, pueden alterar el equilibrio corporal y sobrecargar la columna sin que la persona lo note.
Un dato clave: si tomamos a 100 personas sin dolor y les realizamos una resonancia, muchas mostrarán protrusiones o hernias. Entonces, el problema no siempre está en la imagen, sino en la sobrecarga mecánica constante.
Operar sin corregir la causa es como cambiar una llanta sin alinear el vehículo: el problema vuelve a aparecer, solo que en otro lugar.