Cómo hacerlo:
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Toma una gota de aceite de almendras o cualquier aceite natural que tengas.
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Colócala suavemente en tu entrecejo, mientras cierras los ojos y respiras profundamente.
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Di con convicción:
“Bendigo mi ser,
honro mi luz;
mi belleza es mi fuerza
y no mi cruz.
Atraigo miradas,
recibo favores,
mi vida florece
de mil colores.”
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Camina con la cabeza en alto, la espalda recta y la mirada firme.
La verdadera transformación no está en lo que otros ven en el espejo, sino en la energía con la que entras a un lugar. La fuerza, la confianza y la luz que proyectas son lo que realmente te hace hermosa.