Una reacción que incomoda a todo el mundo
La camarera aún intentaba limpiar la mancha temblando. En lugar de tranquilizarla, mi marido se levantó bruscamente y empezó a hablarle con un tono frío y duro. Todo el restaurante se quedó en silencio y todos miraban.
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Intenté calmar la situación diciéndole que solo había sido un accidente, pero ya era demasiado tarde. La joven estaba roja de vergüenza, con los ojos brillantes, incapaz de responder. Ese momento me pareció interminable. Me sentí mal por ella, pero también por nosotros.
Cuando mi marido volvió, el ambiente se había vuelto pesado. Terminamos la comida casi en silencio, pero sentía que algo se había roto esa noche, aunque todavía no sabía qué.