Las muelas del juicio, también conocidas como terceros molares, no aparecieron por casualidad ni son un “defecto” del cuerpo humano. Son una herencia directa de nuestros antepasados y cumplen un papel importante dentro de la historia evolutiva de la especie.
Sin embargo, lo que antes era una ventaja hoy puede convertirse en una molestia. ¿Por qué ocurre esto? La respuesta está en cómo ha cambiado nuestra alimentación y, con ella, nuestra estructura mandibular.
🦷 Un legado de nuestros antepasados
Hace miles de años, la dieta humana era radicalmente diferente a la actual. Nuestros antepasados consumían:
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Carne cruda
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Raíces fibrosas
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Semillas duras
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Alimentos sin cocción ni procesamiento
Para triturar ese tipo de comida se necesitaban mandíbulas más grandes y una mayor superficie dental. En ese contexto, los terceros molares eran completamente funcionales y útiles. Más dientes significaban mayor capacidad de masticación y mejor aprovechamiento de los alimentos disponibles.


