Hay días en los que la fuerza que creemos tener parece agotarse, y hoy es uno de esos días para mí. Me enfrento a una cirugía delicada que ha despertado un miedo inevitable; no es fácil soltar el control y entregarse a manos ajenas en un hospital. Aunque siempre intento mantener una sonrisa y transmitir fortaleza, hoy mi corazón habla por sí solo. Cada emoción, cada pensamiento y cada lágrima forman parte de esta lucha que, aunque silenciosa, requiere mucho valor. Es en momentos como este cuando uno comprende el poder del apoyo emocional y la cercanía, incluso a la distancia.