Existe un dolor silencioso que muchos padres conocen, pero pocas veces se atreven a nombrar. Es el momento en que descubren que sus hijos ya no los miran como antes. Aquellos niños que necesitaban protección, consejos y compañía crecieron… y con ese crecimiento también cambió la relación.
Lo que antes era cercanía ahora puede parecer distancia. Lo que antes era obediencia, hoy es independencia. Y lo que antes era gratitud constante, hoy puede ser silencio.